RELACIONES
Somos seres sociales. somos mamíferos y como tales nos encontramos bien en compañía, en mayor o menor medida. Las relaciones sean del tipo que sean, en principio, una fuente de bienestar y también de protección y ayuda. Los clanes cumplen la función de protección y adaptación a las exigencias del ambiente así como de disfrutar en el compartir a través de las relaciones
Toda interacción humana que se mantiene en el tiempo es un tipo de relación que nos aportará también una experiencia en la que podremos conocer más quiénes somos, cómo se activan nuestros programas, nuestros miedos, nos desafiarán a salir de nuestro mundo, a comprender que no somos únicos ni tenemos la verdad, que cada uno ha vivido una realidad diferente y ha creado su propia forma, su estructura de personalidad que le ha condicionado de forma diferente. Las relaciones crean un espacio común nuevo, sin perder la individualidad, un espacio donde se crea desde el compartir, se convierte en un espacio fructífero que nos aporta mucho, hasta que llegan los momentos en que la relación deja de ser funcional, hay fricciones, conflicto. Seguramente se pide un cambio, toca revisar lo que antes era válido y ahora no lo es. Tocará abrir la comprensión y por tanto abrir más el corazón y el diálogo, aparecerán quizás terceros caminos, otras veces lo que habrá que soltar…
Disfrutamos, compartimos, sumamos, creamos, nos equivocamos, nos enfadamos, rectificamos, nos reencontramos, a veces nace una nueva relación, otras volvemos a hacer caminos solos…
Sabemos que hacemos lo que podemos. Amar hasta que nos duela es un buen consejo, cuando sufrimos el momento de parar y mirar, después podremos comunicar. Amar aunque nos duela esto ya no sería amor.
Las relaciones pueden pasar por momentos donde se nos hace difícil, aparece el conflicto, todo se convierte en una guerra, o la distancia se hace cada vez mayor, las diferencias parecen que nos separan, aparecen los reproches los juicios, las culpas, los miedos …
Son momentos que se nos pide que primero miremos dentro de nosotros y que respetemos al otro y después empezar con el arte de la comunicación respetuosa para ver hacia dónde nos llevará el viaje si la relación cambia y se transforma o se acaba. Es aquí donde la intervención terapéutica puede favorecer mucho que el proceso sea el más respetuoso y haya el menor daño posible, donde se pueda encontrar claridad y más acompañamiento durante el proceso.